lunes, setiembre 11, 2006

El destructo de la árbol (escrito en Delírica)

Duele duele esta rama ya ni un urpi se posó en mi cara.
La corteza mohosa se desprende,
ante la última transformación, ante la inminente destrucción.

Pero no puedo caer.

Las raíces aún se sostienen,
son adictas al beso con pachamama.
También me retiene cierto sentimentalismo;
me floreció un silencio, es embriagante su callar.

Quiero correr, sacarme las heridas que amantes me grabaron.
También quiero (debo) dar un baño desesperado a mis hojas entristecidas.

En quién reposaré? Siempre fui sostén, sombra delicada, quizá di frutos inesperados; pero siempre útil a alguien.
Quién me será útil a mí, que mi existencia tenga ratos de egoísmo!

(En mala hora tengo un nido en mi hombro...) Al fin sentiré la sensación de desaparecer...
Un mago me obsequió el poder fogarme, ¡sí era cierto! Me quemo, se cae mi corteza, el nido fue un recuerdo, mi tronco es una carcajada de humo...


Al menos...

Si tan solo hubiera tenido un árbol macho a mi lado...